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A 31 años de The Queen is Dead, de The Smiths

Sábado, 17 junio 2017 0 Comments
Title review

No recuerdo la primera vez que escuché a The Smiths. Supongo que fue cuando era niña y, con seguridad, mi hermano escuchaba un cassette. En aquel entonces no podía emitir un juicio sobre la voz y los sonidos que acompañaban las letras que no comprendía. Y digo “voz y sonidos” porque, hasta años después, sabría que aquellos cuatro muchachos de Manchester, enfundados en pantalones ajustados, suéteres grandes, chamarras de cuero o sacos, serían Morrissey, Johnny Marr, Andy Rourke y Mike Joyce.

Hace ya 31 años de la publicación de The Queen is Dead, podría decir con certeza que es uno de mis discos preferidos y que le tengo un lugar especial en mi lista de reproducción y, sobre todo, reconozco que tiene letras entrañables que marcaron a una buena parte de la generación ochentera en el mundo. El título que da nombre al disco es tomado del segundo cuento de la novela The Last Exist to Brooklyn de Hubert Selby, cuya línea narrativa es la violencia y miseria social.

Una voz femenina abre el disco, Cicley Courtneidge, actriz protagonista de la película The L-Shaped Room (1962).  Podría especular sobre la selección de Take me Back to Dear Old Blighty. Pero, primero hay que contextualizar el disco: el gobierno de Margaret Thatcher, la primera recesión de la industria, los restos de una Inglaterra post-bélica donde quienes comenzaban a alzar la voz eran los hijos del boom industrial, los jóvenes que tomaban consciencia de aquel presente. Ahí entra la voz de Cicley, que canta la historia de tres soldados que añoran volver a su tierra después de la Segunda Guerra Mundial. Luego, sin más, Morrissey se burla de los héroes, de la historia misma: “I checked all the registered historical facts/and I was shocked into shame to discover/ how I’m the 18th pale descendant/ of some old queen or other”.

Ahí empieza el compendio de referencias, de críticas e ironía y sarcasmo de The Queen is Dead.

“Frankly, Mr. Shankly” es, en principio, un reclamo a la falta de apoyo del sello discográfico Rough Trade; sin embargo, pese a las dificultades, es una canción que adelanta lo que, treinta y un años después, sería el éxito del disco. The Smiths quería fama, trascender y éste era el disco para lograrlo.

I Know It’s Over es de las canciones catárticas del álbum. Me atrevo a decir, una de las centrales. Explico: los jóvenes buscaban identidad, las consecuencias de la guerra se estaban sintiendo, “I Know It’s Over” es, de cierta manera, el enfrentamiento a la realidad, las preguntas tal vez típicas de la juventud ¿qué soy? ¿A dónde voy? El existencialismo de Sartre “el hombre es responsable de sí mismo y de sus actos”. Estas preguntas son, sin duda, el pase directo a “Never Had No One Ever”: “I’m alone, I’m alone, I’m alone, I’m alone, I’m alone”: soliloquios sobre la soledad.

Dejaré en espera “Cementery Gates, mi favorita.

Con “Bigmouth Strikes Again” The Smiths sube los ánimos. Es, por decirlo de alguna manera, el descanso de la carga lírica de las canciones anteriores y las últimas. “Bigmouth…” fue el primer sencillo del disco, y su letra está cargada de humor y cinismo. Morrissey hace un paralelismo con la vida de Juana de Arco, quien por herejía fue quemada viva. En aquel entonces, se cuenta, el vocalista de la banda había recién pasado los ataques de la prensa amarillista inglesa. “Know of Joan of Arc felt as the flames rose to her Roman nose”. La portada del sencillo tampoco lo considero una casualidad: James Dean, ícono de rebeldía y el “no pertenecer” de la época. ¿Un bocazas? Sí, posiblemente, un bocazas en contra de la monarquía.

En la portada deThe Boy with the Thorn in His Side” vemos saltando a Truman Capote, el autor de A sangre fría; la letra va sobre creer, en alguna entrevista le preguntaron a Morrissey el origen del tema y él respondió que la espina de la que habla es la espina de la industria musical y su incredulidad. A mí me gusta pensar en dos teorías: la referencia a De Profundis de Oscar Wilde, donde en la epístola pide una respuesta de quien lo envió la cárcel acusado de sodomía. Una culpa constante y una explicación. La otra teoría tiende a una cuestión religiosa y pictórica: La incredulidad de Santo Tomás de Caravaggio. En el cuadro, lleno de claroscuros, representa una escena del Evangelio de San Juan donde Cristo se presenta, resucitado, delante de Santo Tomás. Para hacerle creer que esto es posible, Cristo hace que toquen la herida que tiene el costado. En ambos casos. “Will they ever believe me?”

 

“Vicar in Tutu” podría, tal vez, apoyar mi última teoría de “The Boy with…” donde la crítica hacia la iglesia y, por supuesto, la religión está implícita: “The next day in the pulpit with Freedom and Ease combatting ignorance, dust, and disease”. Una lucha entre la razón y la fe.

En este punto del disco oímos y vemos una luz: “There Is A Light And It Never Goes Out”. La canción por la que muchos conocen este disco, una de las favoritas de los fans. Y tal vez es la favorita porque de alguna manera es el himno de la juventud que quiere salir, liberarse de las reglas; ser un Morrissey, un Dean. “Some Girls Are Bigger Than Othersviene a complementar la luz que, treinta años después, no desaparece. El despertar de la curiosidad sexual de la juventud, la historia de Antonio y Cleopatra, tragedia de Shakespeare pero que bien puede ser tomada como símbolo de seducción. La canción tiene un desfase de sonido, del que cuentan intentaba simular el abrir y cerrar de una puerta y el sonido aislado de la música. Siendo, además, el guiño al despertar sexual, es una descripción gráfica de la juventud que espía por la mirilla de una puerta.

Hablando de puertas, he dejado para el último “Cementery Gates” porque, si pudiese darle un orden al disco, esta canción sería una de las partes centrales. Es, como bien reza el título de la canción, la puerta de entrada y salida al cementerio donde la reina muerta de The Smiths descansa. La poesía de Jonh Keats y William Yets resuena entre las lápidas de una generación que está  llegando a su fin. No puedo imaginar a otros poetas que, junto con los ya mencionados Wilde y Shakespeare hablen de soledad, muerte y vejez. La muerte de la reina viene a complementar  o, bien, a contraponerse con “God save the Queen” de Sex Pistols.

Por eso mismo resuenan los ecos de The Queen is Dead, porque es, en definitiva, la banda sonora de la decadencia social, política y religiosa, ¿nos suena familiar?

Tl Sputnik

La Fred Astaire de los descoordinados. Literatura, música y tontería. Fb: Tl sputnik Tw: @josoclasputnik

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