Coberturas

Blondie y Garbage: el rock también es de las mujeres

Martes, 15 agosto 2017 0 Comments

Por: Talia Torres y Charbelí Ramos Chávez

¡Qué grande concierto el de ayer que generó una bomba letal en la combinación de la escocesa y la norteamericana! ¡Qué grande Debbie, que a sus 72 años nos demostró que la buena música no tiene edad, que la buena música prende, que la buena música llega!

La pelirroja

He visto a Garbage varias veces desde hace años. Una vez en El Palacio de los Deportes y, en honor a la verdad,

tampoco lo llenaron. El audio, como siempre pasa en el recinto circular, dejaba mucho que desear. Después de haber regresado a los escenarios con el pelo rosa, la hermosísima Shirley Manson se adueñó del escenario toda de rojo, cabellera incluida. Sus piernas blanquérrimas y larguísimas daban tres pasos y ya la habían llevado de un lado al otro del escenario, con esa voz y esa presencia que sólo ella porta. Con una mezcla de rudeza y ternura, agradeció al público mexicano por mantenerse fiel a la agrupación. Con la voz temblorosa, a punto de quebrarse, mentó la madre a los presentes porque la energía de este país la hace llorar (los años no pasan en balde: hace unos años lo único que hacía era mentarnos la madre mientras, en femme fatale, caminaba por el escenario con la mirada adusta y totalmente forrada en negro. Sí, se ha ablandado, pero qué maravilla tenerla cerca).

A pesar de que la sala se llenaría más tarde, conforme Blondie se aproximaba a salir, la gente coreaba a Garbage como si el lugar estuviera lleno. Shirley cantaba “A revolution is the solution” y hoy, como ayer, sus fans la seguían.  A “Cherry Lips (Go Baby Go!)” le antecedió una introducción sobre inclusión y sobre la lucha por lo diferente.

Al final, Garbage gustó, pero se sintió como un telonero al lado de la monstruosidad que nos esperaba con Blondie. La diferencia de generación, quizá.

La rubia

La rubia de 72 años llegó enfundada en una falda amarilla con negro y una máscara de abeja. Lucía un letrero en la espalda que decía “Stop fucking the planet” (aunque era difícil leer la primera palabra, pues su larga cabellera/peluca tapaba esa parte del mensaje) y, más adelante, nos decía “No chingues al planeta”. El Palacio, para entonces lleno quizá al 90% de su capacidad, explotó cuando escuchó “One way or another I’m gonna find ya”. Una diva, una verdadera diva estaba ante nuestros ojos.

Los asientos ya sólo servían de adorno, pues todos estaban ya de pie, cantando “Hanging on the Telephone”, “Fun” y la famosa “Call me”. Ya para entonces, Debbie se había quitado la máscara y, cara a cara, estábamos con ella, con su banda y los juegos de luces que llenaban el recinto.

Si bien es cierto que los años no pasan en vano, la reina del new wave iba y venía por el escenario, siempre con el porte y la sensualidad que, desde los sententas, la caracterizaban. A veces la veíamos contonear la cadera y tocar la cintura que remarcaba el corsé.

Un “¿Quién de aquí se llama María?”, antecedió a la canción “Maria”, donde si había algunos sentados, se levantaron. A lo largo de dieciséis canciones viajamos con su voz por los graves y los agudos de sus rolas. Casi era media noche, algunos iban saliendo para alcanzar transporte, a otros no les importó quedarse hasta el final porque ¿hasta cuándo la volverían a ver?

Las luces no se encendían, quedaban tres canciones más y, tras el encore, Blondie salió para concluir una presentación que dejó a todos satisfechos, sorprendidos por la energía que Debbie (ya con un abrigo encima) se entregaba al público. Bailamos e intentamos volvernos uno con su voz. Sus músicos, ella, los arreglos nuevos a las canciones que colocaron a la agrupación como una de las más exitosas de los años setentas fueron inmejorables.

Salimos poco después de media noche, fuera, la mercancía no oficial que, quizá, comprarías para recordar el gran concierto que acababas de ver; una prueba más de que la actitud y el talento no conoce género ni edad.

Charbelí Ramos

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