El sábado que perteneció a Patti Smith

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Lunes, 04 septiembre 2017 0 Comments
El sábado que perteneció a Patti Smith

Por casualidad vi el evento en Facebook. Llevaba días sin meterme, sin saber de nada. En las notificaciones apareció un anuncio del que sólo asimilé “Patti Smith. Casa del Lago. Poesía”. Quizá los días anteriores me venían avisando algo; sí, suena muy hippie, lo sé. Pero, lector, me pasé el fin de semana pensando en cómo describir lo que, seguramente, nos pasó a las más de 2 mil personas esa fría mañana de sábado del recién llegado septiembre.

Yo no lo creí. Supongo que nunca creí ver a la madrina del punk tan cerca, en uno de mis lugares favoritos de la Ciudad de México. Supongo que muchos no creímos verla después de su última visita en 2012. Supusimos mal.

Algunos llegaron desde las 6 de mañana para asegurar su lugar, desayunando a la orilla del Lago de Chapultepec y viendo cómo se preparaba todo en Casa de Lago. Apenas cruzabas el camino que te lleva al recinto universitario, veías cómo la fila iba creciendo, llegando más tarde a una de las avenidas principales de la ciudad.

El público decidió enumerarse para no perder el orden. Era claro que no iban a perder la oportunidad de disfrutar plenamente de Patti y Lenny.

El proyecto Sesiones en Café La Habana, llevado a cabo por la Galería Kurimanzutto y la UNAM, fue lo que trajo a Smith y compañía a la Ciudad de México. La razón, entre otras, leer el poema Hecatombe, que la también poeta Smith, dedicó al escritor chileno, Roberto Bolaño. El lugar para la lectura no fue escogido al azar, pues Casa de Lago fue refugio para muchos escritores convirtiéndose en un sitio emblemático para la literatura y la poesía.

Foto: casa del lago

La gente entró, ordenada, a las 12:·30. Algunos con sus libros bajo el brazo, otros con sus vinilos o guitarras. Ya en el escenario del Foro al Aire Libre nos esperaban las dos guitarras de Patti y Lenny, su fiel escudero. A la 1:00 de la tarde la vimos salir, con su melena blanca, sencilla y sonriente. Tras de ella, Lenny, igual de cabellos blancos, más cortos. Apenas los vimos entrando al escenario, la piel se nos erizó. Hablo en la primera persona plural porque segura estoy que no fui la única cuyas piernas temblaron. Aplauso, ovaciones, gritos. Un público que, desde los primeros segundos se rendía ante Smith y Kyne.

Al tomar el micrófono, su boca soltó, recitada, la letra de “People Have The Power”, escrita por Fred Smith, su primer y fallecido esposo. Puños arriba, secundado su poder, sus palabras que, de principio a fin, nos llenaron de algo inexplicable. Nos dijo “Hola, México”, sonriendo. Ambos miraron el público y éste calló para dejar que Patti hablara. Smith, siempre contestataria y consciente, habló de los ausentes. Habló de las madres de los estudiantes desaparecidos en 2014 en Ayotzinapa, de quienes, hasta ahora no sabemos nada. Los ausentes que no tendrían que ser olvidados. Patti, ya acompañada por las primeras notas de la guitarra de Kyne, cantó  “Mothers of the disappeared”, cover de U2. Dijo que los guarda en su corazón y eso, a muchos, nos hizo temblar.

Seguro que esto nos daba un guiño de lo que veríamos en la -casi- próxima hora y media. Un recital que llamaba a los ausentes; a los desaparecidos, muertos, vivos. A ser uno.

Tomó su libro entre sus delgadas manos. Quedamos pasmados ante la fuerza que aún conserva. Recordó a su primer amor, Robert Mapplethorpe, a quien dedicó algunos fragmentos del libro de memorias, Just Kids. La voz se iba cortando con cada palabra. Sonreía, bailaba, hablaba con nosotros, cuchicheaba con Lenny, con sus hojas sueltas.

Habló de México; de las calles, de la gente, arquitectura, del mole, de Frida y Diego, de la gente. De ella cuando era joven y quiso recorrer el país en una camioneta con su gran amigo y ex pareja, el escritor Sam Sheppard, al que ese día en Kentucky se rendía homenaje. “El arcángel que escupe” murió hace poco, Patti lo recordó con amor y miró al cielo dedicándole una canción. ¿Era cosa mía o podríamos imaginarlos a todos a su lado?

Foto: Casa del Lago

Patti se quebró. No sé si todos los presentes lo notaron pero llevó su manos a su cara y miró al suelo. Lloraba, algunos lloramos con ella; empatía, le llaman. En inglés, dijo: He perdido a personas que amo; doy gracias a ustedes por ayudarme a recuperar mi alegría.

Entre anécdotas, canciones como “Dancing Barefoot”, “Because the Night” o “Grateful”, comenzó a hablar de Roberto Bolaño, el Detective Salvaje, a quien dedicó “My blakean year”. Hubo risas en su intento de pronunciar el apellido del escritor Juan Villoro, quien subió al escenario para abrazar a Patti y Lenny y, claro, para leer Hecatombe, poema dedicado al chileno autor de 2666, obra que Patti considera pilar para la literatura latinoamericana.

Villoro contó alguna anécdota, que tuvo como escenario Casa de Lago, a lado de Bolaño. Patti y Lenny salieron del escenario. Juan leyó la traducción no sin antes ser ovacionado por su séquito. Personalmente tendría que haber sido Patti quien leyera, era un poema que tendría que haber sido recitado por una mujer, por ella. Pero yo no controlo eso, por desgracia.

Foto: casa del lago

Cuando por fin volvió al escenario, Patti habló de libertad, del poder de la gente, de amor, de ser nosotros mismos. Manos, puños, vinilos arriba mientras ella cantaba o bailaba, tan fuerte y ligera. Tan agradecida y, pese a todo, contenta. Flotamos y no estábamos drogados por algo más allá que la presencia y la música de Smith, la vimos cerca. Enorme. Lloramos con ella, recordamos con ella. Hablamos de lo que a veces ya ni hablamos, nuestros muertos del país. Era, de cierto modo, un llamado a no perder la fe, a no perdernos a nosotros mismos pero, sobre todo, a no olvidar, a no cerrar los ojos y dejar que el olvido nos lleve.

Es probable que no recuerde bien cómo fue el desfile de personajes, quizá lo que me quedó más grabado fue el nudo en la garganta o el temblor que tengo hasta ahora. Quizá el fantasma de los ausentes se quede en mi memoria como mis propios muertos y Patti, querida, tú te vas a quedar en el alma de muchos.

Tl Sputnik

La Fred Astaire de los descoordinados. Literatura, música y tontería. Fb: Tl sputnik Tw: @josoclasputnik

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