Conciertos

Every Little Thing Sting Does is Magic

Viernes, 19 mayo 2017 0 Comments

Sting llegó a mí cuando era niño, iría en 3ro o 4to de primaria, y uno de mis tíos me ayudaba a estudiar matemáticas. De pronto, lo vi bajar con un par de cassettes; uno de ellos tenía en la portada a tres hombres con un logo encima que decía “The Police“.

Este tío, anteriormente, me había dado la experiencia Led Zeppelin, Santana y Hendrix, y me dijo: “esto es algo diferente a lo que ya te había enseñado”; cuando empezó a sonar el cassette (que después me enteré que se llamaba Reggatta de Blanc) me llamó la atención el riff de la guitarra con la que abría ese disco (claro en ese tiempo no sabía que era un riff) y quedé hipnotizado.

“Message in a Bottle” abre ese disco, y cuando empezó a cantar el vocalista le comenté a mi tío que me gustaba su voz. Era muy diferente a lo que había escuchado. Me dijo que se llamaba Sting, y gracias a él descubrí todo un mundo diferente. Desde el reggae y el punk hasta el rock pop. The Police es una banda que trasciende los géneros, generaciones y los gustos de mucha gente y Sting es uno de los cantautores más prolíficos en la historia del rock británico a nivel mundial.

Auditorio Nacional.- Era la primera vez que veía a Sting en vivo, sé que ya ha venido antes, pero como primera experiencia puedo decir que fue único. Lo primero que llamó mi atención fueron los abridores, el primero, el hijo de Sting, Joe Sumner, con un muy buen folk/blues y una voz sorprendentemente parecida a la de su padre. Por otro lado, The Last Bandoleros, músicos texanos, me dejaron muy buen sabor de boca, músicos muy jóvenes con muchísimo talento y energía.

Cuando salió Sting, sin mucho discurso y empezando fuerte con “Synchronicity II”, éxito de The Police, me pude percatar de que en los coros estaba su hijo y los chavos de la banda que habían abierto antes, eso nunca lo había visto y me pareció bien que hiciera partícipe a las nuevas generaciones. Con solo dos guitarras, batería, bajo y coros, Sting dio una clase de cómo menos es más. 

Un setlist muy bien pensando en mi particular opinión, empezando fuerte en el majestuoso Auditorio Nacional, con la ya mencionada “Synchronicity II”, “Spirits in the Material World” e “Englishman in NY”, y la gente inmediatamente se paró a cantar. Después de “Every Little Thing She Does Is Magic”, empezó con varias canciones de su discografía como solista, temas como “One Fine Day”, “Fields of Gold” y “Shape of my Heart”.

Después llegó la parte más interesante del show, “Message in a Bottle”, “Ashes to Ashes”, cover de David Bowie, interpretada por el hijo de Sting y el juego de luces en “Walking on the moon”, fueron el parteaguas para la seguidilla de éxitos como “So Lonely”, Roxanne” y “Every Breath You Take”, parte en especial emocionante, ya que todo el público formaba un coro gigante, se veían unidas varias generaciones, jóvenes con sus papás, los papás de los papás, lo que demuestra que la buena música no tiene límite de edades y que siempre trascenderá.

El británico regresó para interpretar una última rola, “Fragile”, donde Sting demostró que no sólo es un excelente bajista sino también un guitarrista envidiable, extraordinario tema. 

Con un mensaje de unión, de amor y anti-guerra, Sting nos deleitó la noche de ayer con la que sería su segunda y última noche en el 57th and 9th tour. Lo único que me pareció extraño, fue que no diera algún tipo de mensaje o rindiera algún tributo al recién fallecido Chris Cornell. Hubiera estado increíble verlo tocar “Black Hole Sun” o “I am the Highway”, y más porque ambos estuvieron hace no mucho en un evento de caridad junto a Brad Pitt.

En fin, tu legado vivirá siempre Sting en tus canciones y en tu música. Gracias porque, como un partido de la Champions League, fue una noche mágica.

Rodrigo Ramírez

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