Coberturas

In Flames incendiando al Pabellón Cuervo

Martes, 17 octubre 2017 0 Comments

Jueves 12 de octubre, Ciudad de México.
Pabellón Cuervo.

Una noche fría, sin duda. Una noche de otoño y un concierto que nos espera: In Flames.

A lo largo de la historia del rock se han tejido grandes historias, grandes bandas que nos han regalado un magnífico legado, un puñado de canciones y anécdotas que, hoy en día, las llevamos más allá del recuerdo. Y es por eso que el rock sigue siendo una de las fuerzas más poderosas en todo el mundo; un concierto de rock tiene un resultado mucho más positivo que las misas de los domingos, así de sencillo.

La noche del jueves pasado, la Ciudad de México volvió a cimbrar con un concierto irrepetible, un concierto delirante y lleno de energía. Cerca de las 22:00 horas, la negrura del Pabellón Cuervo dio paso unas luces rojas y, con ellas, el estallido. La explosión y la adrenalina, a partir de ese momento, se apoderaron de las mentes que estaban ahí desde horas antes, todas con ganas de cantar, de gritar, de escupir, de expulsar todos nuestros ánimos.

Y así, Anders Fridén y compañía saltaron al escenario y comenzó el bombazo, uno tras otro, uno tras otro. Impresionante, primero, la energía con la que los suecos se despacharon en la tarima. La gente, los fans, no dejó de cantar ni una sola canción. Se sabían todas, palabra por palabra. Sudor, cerveza y pasión se fusionaron y entregaron una noche sin precedentes.

Pocas veces se ve algo así, un concierto totalmente enérgico. Claro, se trata de una banda de metal, uno de esos géneros nacidos del rock que llegaron para quedarse. Es como lo que dice Tenacious D: “You can’t kill the metal, the metal will live on”. Y sí, no muere, sino que se expande y llega a nuestros sentidos. Nos seduce, nos domina, nos instala en otra dimensión y ahí, sinceramente, quisiéramos quedarnos: un lugar entre el rock y nuestras emociones a todo lo que dan.

Sí, duró muy poco y muchos nos quedamos con ganas de más. Pero fue un concierto digno de recordar y de llevarlo en el corazón hasta la tumba. Lo necesitábamos, nos urgía un show de esta magnitud y era algo que, por supuesto, sólo el rock podía lograr.

Alonso Efeese

Si lo mexicano es naco y lo mexicano es chido, entonces, verdad de Dios, ¡todo lo naco es chido!

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