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La noche más feliz del mundo: Los 20 años de Los Caligaris

Lunes, 09 octubre 2017 0 Comments

El pasado 7 de octubre de 2017, El Palacio de los Deportes< se vistió de fiesta para celebrar los 20 años de la banda cordobesa Los Caligaris.

En la celebración no solamente estuvieron presentes los argentinos en territorio de mexicanos, sino que Colombia, Costa Rica y Chile también se hicieron presentes a través de sus representantes musicales, quienes sin duda demostraron que Latinoamérica es una.

La primera banda telonera de Los Caligaris fue La Toma, oriuda de Medellín, Colombia. Ante un Palacio de los Deportes que comenzaba a llenarse, la banda contagió de energía a todos los presentes y los hizo bailar. ”Gracias por aplaudirle a una banda que no conocen”, dijo el cantante, lleno de emoción por lo que se vivía en la tarde noche de una velada que, sin duda, nos colmaría de sorpresas.

República Fortuna, de Costa Rica, y La Combo Tortuga, de Chile, hicieron que, con sus ritmos -el de la segunda banda, una fusión de ritmos latinos con ska-, el público gozara la antesala del cumpleaños.

Y entonces ocurrió: Los veinteañeros se presentaron en sus mejores y más coloridas galas ante la que llamaron “la hinchada más alegre del mundo” y, así, dio comienzo a un gran espectáculo que incluyó la formación en el escenario del payaso que conforma el logo de Los Caligaris. También se quedaron congelados, como emulando una fotografía, y la gente les cantó a capela. El Palacio de los Deportes estaba a punto de explotar en capacidad, en sonido, en alegría.

Por eso, por el amor correspondido que existe entre la banda y su grupo, y con motivo de su 20 aniversario, anunciaron que la noche era especial también porque se estaba grabando el primer DVD de la banda. Ahí, en México. Ahí, en El Palacio de los Deportes, la felicidad de la noche hallaba cauce en las canciones que coreaban los más de 20 mil asistentes, ante un recinto que se escuchaba súper bien ecualizado, como pocas veces.

“Ni en los mejores sueños nos imaginamos esto”, nos dijeron ante la ovación imparable de la gente. Nosotros, los asistentes, estábamos viviendo un sueño de música, risas y circo. De circo Caligaris, que contaba con payasos, una botarga de camello y un escenario con círculos que de pronto nos hacían recordar los aros de fuego del circo clásico. Además, un minitrampolín sentó el precedente de un trampolín más grande que, posteriormente, engalanaría el escenario para que fuéramos testigos de acrobacias y diversión, en las que se comprobaba, efectivamente, que “no somos muchos, no somos pocos, pero estamos todos locos”.

También, a manera de la película Roma, de Woody Allen, Raúl Sencillez salió de una regadera para cantar, para enseñarnos su tatuaje de la bandera de México, ese que había prometido hacerse cuando lograra “Cumplir un sueño: cantar en el Palacio de los Deportes”.

“Yo no guardo rencor”, cantaba Raúl Sencillez y, ciertamente, parece que esta oración resume a la banda. Una banda sin rencores, sin aspavientos, llena de celebración. Se celebra la felicidad y se canta a la tristeza con la misma vitalidad. Se disfruta todo, porque todo implica que estamos vivos. Se gozan las crestas y también los valles.

La magia se extendió por más de dos horas y se compartió con invitados mexicanos que subieron al escenario, como Manuel Corona, líder de La Tremenda Korte y Franco Escamilla, que subió al escenario para bailar “Asado y Fernet”. En el caso del segundo, la verdad es que nos habríamos podido ahorrar su presencia, pero ya entrados en calor, nada sobraba.

Para cuando Los Caligaris tocaron “Kilómetros”, el recinto temblaba y se adornaba de las miles de playeras, globos y bolsas que la gente giraba por encima de sus cabezas, como si fueran matracas. Los propios miembros de la banda se quitaron las playeras. “No saben cuánto esperamos este momento”.

La noche cerró con un “Viva México, cabrones”, y una alineación de playeras que decían “Muchas gracias” de frente, y “Continuará…” en la espalda. Aunque el recinto empezaba a quedarse solo, la mayoría de la gente seguía pidiendo “Otra” al unísono. Pero no había más, después de entregarlo todo, dar más arruinaría una noche perfecta de fiesta, canto, baile y emoción. “La noche más feliz del mundo”, nos dijeron Los Caligaris a lo largo del concierto… y sí, vaya que lo fue.

 

Charbelí Ramos

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