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Los discos esenciales del rock en español: Héroes del Silencio – Senderos de Traición

Martes, 13 febrero 2018 0 Comments

Senderos de Traición, el segundo álbum de los Héroes del Silencio lanzado en 1990, fue el disco que hizo de Bunbury, Cardiel, Andreu y Valdivia una de las bandas de rock de habla hispana más importantes de la historia.

Si bien es cierto que, con el lanzamiento de El Mar No Cesa, su ópera prima, el grupo ya gozaba de reconocimiento y fama, con Senderos de Traición consiguieron la apertura hacia un rock mucho mejor hecho, una lírica más profunda y una carrera más sólida. Pero, más que eso, el segundo trabajo de Héroes del Silencio, producido por el Roxy Music, Phil Manzanera, logró colocarlos a ellos en la cima.

Enrique Bunbury se ha caracterizado por ser un músico que se preocupa (y se ocupa) por la lírica, por el mensaje que lleva (o debe llevar) la canción, y rondando entre los 22/23 años, el español hizo una colección de temas con las que dio en el clavo. Es decir, estamos hablando de un puñado de letras que reflejan, sí, la parte ‘inocente’ de un joven de veintitantos años, en donde la rabia, la ira, la furia, etcétera, se hacen presentes desde el arranque, con “Entre Dos Tierras”, pero también hablamos de canciones redondas, bien hechas, con mensajes claros y, sobre todo, con una coherencia que pocas veces se ve. Quizá por eso es considerado, tanto por ellos mismos como por sus fans, como el mejor álbum de su carrera.

El segundo track de Senderos…, “Maldito Duende”, no es otra cosa más que la confirmación de lo que ya se anunciaba en el corte anterior; tan sólo hay que recordar el coro del mismo: “Amanece tan pronto y yo estoy tan solo, yo no me arrepiento de lo de ayer…”. Con este par de canciones, el grupo se encontraba, ya, del otro lado en su, hasta entonces, joven trayectoria. Sin embargo, eso no sería todo. El resto del disco es meramente impecable, un regocijo completo para los fans que veían en un grupo de rock de habla hispana, a uno de sus máximos referentes.

“La Carta” y “Malas Intenciones”, que parecen sacadas del mismo cajón, nos adentran al lado despechado de Enrique, en donde el desamor es el eje pilar de los temas y que, con el poderío vocal de Bunbury, se colocan como gloriosos himnos que se incrustan en nuestros sentidos. Después llega el puente de “Sal”, que nos manda directamente hacia el plato fuerte de Senderos de Traición.

“Senda”, “Hechizo”, “Oración” y “Despertar”, son cuatro piezas que demuestran, primero, la madurez tan inmediata que alcanzó la banda en todos los sentidos, y también nos regala una compilación de letras épicas, que van in crescendo hasta llegar al estallido, con coros todavía mucho más épicos y temas que van desde la angustia, la desesperanza, la desolación, hasta cerrar el ciclo con un nuevo despertar, algo que, quizá, viviría el grupo después de alcanzar altos niveles de popularidad y que en este, su segundo disco, lo supieron canalizar de la mejor manera.

El desenfreno de “Decadencia”, la cadenciosa y muy sugerente “Con Nombre de Guerra”, que podrían sonar tan dispares entre sí, son simplemente el preámbulo a un cierre más que perfecto con “El Cuadro II”, este último muy en la línea de El Mar No Cesa, pero con la madurez y la coherencia que les había llegado a sus vidas.

Ya han pasado poco más de 27 años desde el lanzamiento de Senderos de Traición y los Héroes del Silencio dejaron de sonar hace mucho tiempo, pero siguen siendo uno de los pilares del rock de habla hispana, sobre todo de ese rock mucho más rudo, muy cercano al hard rock del tipo de Alice In Chains, The Cult, etcétera, pero con el plus de ser cantado en español, ni más ni menos. Un clásico. Un esencial.

Alonso Efeese

Si lo mexicano es naco y lo mexicano es chido, entonces, verdad de Dios, ¡todo lo naco es chido!

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