Entrevistas

Marlango: una suma de delicadeza, melancolía, jazz y buen pop

Martes, 24 octubre 2017 0 comments

“Dame un respiro, dame el aliento.
Siéntate cerca, dime que sí”

Dame la Razón | Marlango | Un Día Extraordinario (2012)

Yo le dije que sí a Marlango desde hace unos cuatro años. Leonor Watling y Alejandro Pelayo llegaron a mí en una etapa nostálgica de mi existencia; una época en la que, sobre todo, estaba en busca de esa canción que me acompañara en mis agonías, en mis dudas, en mis momentos de dolor y también de belleza. Y eso hicieron.

La sensación al escuchar la voz de Leonor en ese temazo llamado “Ir” fue -y sigue siendo- indescriptible, la entrada de ese piano lleno de nostalgia, el chelo deslizándose tibiamente para dar paso al casi susurro de Watling: “Ir, caer muy lento. Ir, salir corriendo”. Hoy, a unos cuantos años de distancia, continúa siendo una de esas canciones indispensables en mi playlist emocional.

Con más de 10 años en el camino (el de la música), Marlango y su belleza han crecido como pocas bandas, con una propuesta genuina, delicada y un toque de atrevimiento (sobre todo en sus letras). Desde su primer álbum, Marlango (2004), hasta el más reciente, El Porvenir (2014), la música desprendida del talento de Waitling y Pelayo ha estado destinada al cambio y al hacer cosas inusuales, primero empezando a cantar en inglés y después, con Un Día Extraordinario (2012), hacerlo en español. El resultado fue simplemente perfecto.

“La verdad es que me cuesta trabajo ver las cosas desde afuera,
pero Marlango lo iniciamos siempre con la premisa de pasarla bien
y que sea para nosotros algo de gran satisfacción, ¿no?
Fue nuestro ‘Plan A’ y ese plan nos salió. Cuando algo así te pasa en la vida,
y que además salió a bien, es algo alucinante, porque seguimos teniendo la misma libertad
y seguimos haciendo lo que nos gusta, tocando y girando, y eso es algo muy bueno.”
Leonor Watling.

2015 los vio llegar a México por primera vez, en el Lunario del Auditorio Nacional. Aquella noche, para su servidor, fue inolvidable. Todavía me llegan ráfagas de lo que Leonor y Alejandro entregaron al público mexicano, uno de esos tantos que se moría por tenerlos sobre el escenario. A partir de ahí, la relación México-Marlango dio inicio, fue una unión para siempre, o al menos hasta que el final nos separe. Y será el próximo jueves, en el mismo recinto, que los españoles vuelvan a nuestro país con un show bautizado como “Canciones de Vida y Muerte”.

“Es la tercera vez que vamos para allá y tenemos muchas ganas de hacer algo que exprese
todo lo que nos pasa cuando vamos a México
y, bueno, cuando nos dicen en qué fecha vamos a tocar, coincide con la festividad del día de muertos.
Entonces, se nos ocurrió esta idea de “Canciones de Vida y Muerte”,
de canciones que nos han hecho tener la vida que tenemos, que nos han hecho dedicarnos a lo que nos dedicamos.
Canciones de autores que ya no están vivos
y que cuando escuchas su música los sientes más vivos que nunca,
me da la impresión de que esa frontera, en la música, no existe.
Hemos preparado algunas canciones que nos ayuden a eso,
quizá a hacernos llorar o asacar algunos momentos tristes, ¿no?”
Leonor Watling.

Claro, la música, más que escucharse, se siente; se ríe, se llora, se grita, se duele. La vida sin música sería un total error y una interminable tristeza. Más que una canción, se trata una compañera de toda la vida. No importa cuánto tiempo pase, las canciones que hemos hecho de/para nosotros, ahí estarán para recordarnos que, pese a todo, seguimos vivos. Y eso se celebra.

“Yo creo que la vida sin música, definitivamente, sería horrible.
No, no me lo imagino. Ni como cantante ni como ser humano.
Para mí, la música es como la comida o la bebida, es parte de nuestro alimento.
Nos da valor cuando estamos asustados, nos ayuda a comunicarnos cuando no podemos hablar.
Evolutivamente, es una de las piezas más importantes del ser humano.”
Leonor Watling.

Más allá de sanar, que sí puede hacerlo, una canción nos acompaña, como un buen amigo, como una buena cerveza, como ese ‘algo’ que, para nosotros, resulta inseparable. Son contados los grupos o solistas que, con sus canciones, logran proyectar eso en sus fans. Pienso, por ejemplo, en músicos como Antonio Vega, Nacho Vegas, Diego Vasallo, Gustavo Cerati, Luis Alberto Spinetta, Fito Páez, Mercedes Sosa, Silvio Rodríguez, etcétera; músicos que han hecho, cada uno desde su trinchera, un camino seguido por miles y miles de seguidores que, en más de una ocasión, hicieron ese click mágico con alguna estrofa, algún coro, una pequeña frase, no importa, ese ‘algo’ que les hizo cambiar su manera de pensar, de escuchar, de sentir. Marlango, sin duda, tiene ese toque. Y hoy por hoy se trata de uno de esos grupos que se hacen necesarios de escuchar, y más en un país como México, en donde urgen las canciones para, sino sanar, acompañar el dolor por el que estamos pasando. Leonor y Alejandro lo saben.

“Estamos felices de volver a México.
Vamos con muchas ganas de darles un enorme abrazo
y aplaudirles por el valor y la fuerza que tienen.
Nosotros sabíamos desde antes del 19 de septiembre que volvíamos a México
y cuando ocurrió lo del temblor pensamos que queríamos estar allá inmediatamente, ¿no?
Vaya, además de los amigos que tenemos allá
y de que siempre estuvimos pendientes de lo que pasaba,
tenemos una admiración y un amor que nos hace mucha ilusión poder ir a apapacharlos.”
Leonor Watling.

México tiene ganas de música, de canciones que sepan a dolor, a tristeza, a llanto, pero que, sobre todo, sepa a libertad y a felicidad. No importa qué tan negro se vea el panorama, acá siempre estaremos de pie y luchando. Así nos ha enseñado la vida y así lo escuchamos a diario en las calles, en la casa, en nuestra playlist mental. Queremos música, queremos hacerles compañía a nuestros pesares, y quién mejor que Marlango para ello; Watling y Pelayo saben -han sabido en cada una de sus visitas- darnos respiro y darnos aliento, nos han dado una razón para celebrar la vida y la muerte.

Alonso Efeese

Si lo mexicano es naco y lo mexicano es chido, entonces, verdad de Dios, ¡todo lo naco es chido!

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