Conciertos

One life with each other: sisters, brothers | U2 en México

Viernes, 06 octubre 2017 0 Comments

Una vez que entendamos que Bono no es U2, entonces -y sólo entonces- le daremos la importancia que merece a la banda más importante del planeta. ¿Acaso no quedó claro?

La pregunta sigue siendo la misma: ¿Es U2 todavía la banda de rock más importante del mundo? Es más, ¿alguna vez lo fue? La respuesta a ambas es un rotundo SÍ, y aquí va la explicación.

Bono, The Edge, Larry Mullen Jr. y Adam Clayton volvieron a la Ciudad de México los días 3 y 4 de octubre. El pretexto fue la gira que conmemora los 30 años de su obra maestra (o una de sus dos obras maestras): The Joshua Tree. Lanzado en marzo 1987 y producido por los genios de Daniel Lanois y Brian Eno, el quinto álbum de los irlandeses fue, simplemente, fenomenal. Mostró una evolución musical y poética (sobre todo ésta última) que dio inicio a una nueva etapa en la era de U2 y de la música en general. Bono pasó de ser un simple cantante con canciones que hablaban de la guerra y el amor, a ser uno de los máximos referentes en la historia del rock. Se convirtió en la voz que necesitaba un género tan deteriorado en aquellos años como el rock.

De inmediato, la banda colocó tres súper hits: “Where the Streets Have No Name”, “I Still Haven’t Found What I’m Looking For” y “With Or Without You”. Pero no, The Joshua Tree no era/no es sólo esas tres canciones, aunque muchos digan que sí. En realidad, se trata de un disco que, canción por canción, va tejiendo una historia, una historia que empieza desde el track número uno y culmina hasta el último track, “Mothers of the Disappeared”. No es una obra conceptual del todo, sino un álbum que tiene un sólo eje temático: la libertad y la esperanza.

Y son, precisamente, estos dos sentimientos los que hicieron que los conciertos de U2 se vivieran con un alto grado de complicidad, sobre todo cuando los hechos más recientes en nuestro país nos pedían a gritos un momento de calma, de luz, de tranquilidad. Algo que nos hiciera olvidarnos, aunque sea por un momento, del trago amargo por el que estamos pasando.

Durante tres horas (contando la presentación de Noel Gallagher como telonero), nos sentimos libres. El tiempo se detuvo y ahí, todos en comunión, nos sentimos protegidos. Una a una, esas canciones tan típicas en U2, como “Sunday Bloody Sunday”, “New Year’s Day”, “Bad” y “Pride (In the Name of Love)”, nos llevaron de la mano hacia un mejor camino: el de la esperanza.

The Joshua Tree apareció en el escenario ante un marco lleno de esplendor, un público delirante y una banda de cincuentones que, si algo saben hacer, es exprimir hasta su última gota de sudor y seguir de pie, como si nada, cantando las mismas canciones y, mejor aún, viviendo sus propias canciones. Bono, The Edge, Larry Mullen Jr. y Adam Clayton parecían un grupo de chavales llenos de energía y con ganas de comerse al mundo, justo como lo hicieron más de 30 años atrás.

“Where the Strees Have No Name”“I Still Haven’t Found What I’m Looking For”, “With Or Without You” y “Bullet the Blue Sky” abrieron la celebración y, así, el júbilo se apoderó del Foro Sol y no lo soltó jamás. “Running to Stand Still”, “Red Hill Mining Town”, “In God’s Country”, “Trip Through Your Wires”, “One Tree Hill”, “Exit” y “Mothers of the Disappeared” nos arrancaron lágrimas, gritos de ilusión, de esperanza, de tiempos mejores. Necesitábamos un concierto así, a una banda así y un sentimiento como el que nos embargó toda la noche.

El tiempo siguió su marcha y llegaron más canciones, más mensajes. Pero el más importante de todos fue el de la unidad, ese que clama Bono en “One”, una de esas canciones que tienen una carga y una importancia particulares. Sí, U2 tiene muchos temas de esa coyuntura, pero “One” se cuece aparte y es imposible ignorarla o dejarla pasar. No hubo y no habrá mejor canción que esa para cerrar un ciclo de dos noches perfectas, pues más allá de ser un clásico de la banda y una infaltable, el mensaje nos pertenece, lo vivimos día a día:

One love, one blood, one life, you got to do what you should.
One life with each other: sisters, brothers.
One life, but we’re not the same.
We get to carry each other, carry each other.
One.

U2 hizo lo que mejor sabe hacer: nos unió a través de su música. Pocos (muy pocos) logran eso, y ahí es, precisamente, donde radica su importancia. Lo que hacen ellos, no lo hace ninguna otra banda, ni siquiera una nacional. Entonces, ¿tiene que venir una banda extranjera a decirnos lo que ya sabemos? ¿Tiene que estar U2 sobre el escenario para comprender que, por encima de todo, somos uno?

¿Así de importante es U2?
Sí.

Alonso Efeese

Si lo mexicano es naco y lo mexicano es chido, entonces, verdad de Dios, ¡todo lo naco es chido!

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