Que en paz descansen

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Miércoles, 02 noviembre 2016 0 Comments
Que en paz descansen

Los festivales son lugares para sentirnos vivos. No hay nada mejor que música, amigos, cerveza, comida y mucho ambiente para recordarnos lo hermosa que es la vida y lo bien que la podemos pasar en este mundo.

¿Pero qué pasa cuando los propios festivales son los que mueren?

Y es que eso es más o menos común; por cada Vive Latino o Corona Capital, existen muchos festivales que nomás no lograron sobrevivir en un mundo saturado de opciones, y nada más logran compartirnos su alegría un año (o dos, o diez, o los que sean, pero eventualmente fallecen como la carrera de Benny Ibarra)

Por ejemplo, ¿se acuerdan del Love Parade? Este famoso festival que empezó en Berlín allá por 1989 (cuando muchos de nosotros no habíamos nacido) y que era uno de los principales exponentes de la música electrónica y de los technoparades. Por 21 años la gente fue y disfrutó de lo que asumimos es un desfile de amor (y si no lo era, los creadores del nombre fracasaron terriblemente) hasta que en el 2010 se realizó el último Love Parade, en el que más de 1.4 millones de personas asistieron y lamentablemente hubieron más de 20 muertos.  Las personas que dicen que nadie ha muerto de amor definitivamente no fueron al Love Parade del 2010.

Otro ejemplo de un festival que nomás ya no regresa ni en forma de fichas es el Vive Grupero. ¿Alguien lo recuerda? Era como el Vive Latino pero con puro grupo acá como Los Tigres del Norte, La Arrolladora Banda Limón, Los Tucanes de Tijuana y todo eso. En teoría sonaba fantástico para la gente que ama de bailar y tomar Carta Blanca al mismo tiempo, pero a los organizadores se les olvidó que la gente que ama bailar al gato y al ratón tal vez no es la misma gente que ama pagar miles de pesos para entrar a festivales de música.

Un ejemplo más de festivales que merecen su altar de día de muertos es Woodstock, ya que su última edición fue en el 2009. Se rumora que tal vez en el 2019 se haga un intento por revivirlo para el 50 aniversario del festival original, pero hasta que no haya nada seguro, Woodstock está más muerto que una fiesta con Prince, Michael Jackson y Juanga como invitados.

Y es que a final de cuentas, nadie entiende exactamente qué se necesita para que un festival tenga una larga vida, ya que ejemplos como el Goliath demuestran que no se necesita sólo aventar billetes y traer nombres grandes (en este caso, Black Eyed Peas, Justice, Pitbull y Chromeo entre otros); sino que se necesita algo más. ¿Qué es ese algo? Si lo supiera, evidentemente estaría armando festivales en lugar de escribir artículos.

Pero mientras lo averiguamos, lo único que nos queda es disfrutar de nuestros vivos mientras todavía lo están, y de prenderle veladoras a todos los Sónars, Creamfields, Nevadas, Creamfields y demás difuntos que pasaron a mejor vida. Que Diosito me los tenga en su gloria.

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Dexter Petrelli

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