De cómo Strangeland me salvó de la locura

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Jueves, 09 marzo 2017 0 Comments
De cómo Strangeland me salvó de la locura

Confieso que siempre he sido muy mala fan. Siempre. Escucho una rola, me gusta, me clavo con un disco, quizá con otro, y así hasta que, eventualmente, dejo de seguir a la banda o al solista que me causó tanta emoción inicial. Es la historia de mi vida. Hace unos días, mientras planeábamos los contenidos semanales de Festify, dijeron: “Es cumpleaños de Tom Chaplin“. Yo quedé de hacer el contenido correspondiente, a ciegas, porque una de las oportunidades de colaborar en este sitio es que uno nunca deja de aprender sobre música. “¿Sabes quién es?”, me preguntaron. “No”, respondí honestamente.

Cuando me contestaron que era el vocalista de Keane, no cupe en emoción. Era mi momento de rendirle un pequeño tributo al portavoz de un disco que me salvó la vida. Sí, sí, puede sonar muy dramático o lo que quieran, y yo siempre me he caracterizado por ser una drama queen, pero en realidad se sintió así cuando lo escuché por primera vez.

Fue una noche fría a principios de 2013 cuando ocurrió. Lo encontré gracias a un tweet. Uno de los dudes a los que sigo posteó algo así como “No pueden dejar de escuchar este disco” y, no sé por qué, me dio la corazonada de que tenía razón. En ese entonces mi alma estaba muy atormentada y no me sentía en paz conmigo misma. Me sentía perdida. Sentía que nadie me entendía y, peor aún, que estaba alejando a toda la gente que me quería. Y la letra empezó a sonar. “Fearful child have faith in brighter days/ Stay home ‘til this darkness fades away”. “¿Es en serio?”, me pregunté. Sentía que me hablaba. En todas y cada una de las canciones de la Deluxe Edition, Keane me hablaba. Y sí, Tom Chaplin debutó como compositor con su disco como solista, The Wave, pero aunque no fueran sus letras, su interpretación me dejaba fría. En su voz angelical, como la llaman, encontraba yo un dejo de tormento y luego de paz que no podía ser más que para mí, que en ese momento era el centro de mi mundo en destrucción.

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Me sentía atrapada, justamente, en un lugar nuevo y extraño para mí, sin saber hacia dónde moverme y cómo salir de ahí. Iba por el camino sin pensar realmente hacia dónde quería llegar, con ganas de gritar, pero sin voz para hacerlo. “We were silenced by the night/ But you and I, we’re gonna rise again”. Cada nota se me clavó profundamente en el alma. Lo escuché y lo escuché seis veces al día, todos los días. Me veía al espejo y en mi mente resonaba “It’s not true” y, de pronto, me daban ganas de llorar de emoción, cuando todos los días habían sido oscuros y terribles. Strangeland se convirtió en mi aliado mientras yo libraba la peor de las batallas: contra mí.

Así, poco a poco, fui saliendo del bache y el disco también tomó otro significado. Sin embargo, a veces, cuando me veo en el espejo y no me reconozco, vuelvo a escucharlo. “Forget the ghosts that made you old before your time”, me repito como un mantra, con la voz de Chaplin y los teclados y las composiciones de Tim Rice-Oxley resonando en mi cabeza.

Y sí, nunca me decepciona. Invariablemente, cuando estoy perdida en las trampas que la mente me tiende a veces, en una tierra extraña, donde “the sweetest thoughts get twisted”Strangeland sigue ayudándome a salir de ahí.

Charbelí Ramos

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